Adoracion Eucharistica Exposicion y Bendicion
Siendo el pan una comida que nos sirve de alimento y se conserva guard�ndole, Jesucristo quiso quedarse en la tierra bajo las especies de pan, no solo para servir de alimento a las almas que lo reciben en la
sagrada Comuni�n, sino tambi�n para ser conservado en el sagrario y hacerse presente a nosotros, manifestandonos por este eficac�simo medio el amor que nos tiene.
San Alfonso MS de Ligorio
Visitas al Sant�simo Sacramento,
Quiere El, para el bien de las criaturas, que su cuerpo, su alma y su divinidad se hallen en todos los rincones del mundo, a fin de que podamos hallarle cuantas veces lo deseemos, y as� en El hallemos toda
suerte de dicha y felicidad.
Santo Cura de Ars
Serm�n sobre el Jueves Santo
En toda forma de culto a este Sacramento hay que tener en cuenta que su intenci�n debe ser una mayor vivencia de la celebraci�n eucar�stica. Las visitas al Sant�simo, las exposiciones y bendiciones han de
ser un momento para profundizar en la gracia de la comuni�n, revisar nuestro compromiso con la vida cristiana; la verificaci�n de cada uno ante la Palabra del Evangelio, el asomarse al silencioso misterio
del Dios callado... Esta dimensi�n individual del tranquilo silencio de la oraci�n, estando ante �l en el amor, debe impulsar a contrastar la verdad de la oraci�n, en el encuentro de los hermanos,
aprendiendo tambi�n a estar ante ellos en la comunicaci�n fraternal.
LA EXPOSICI�N
La exposici�n y bendici�n con el Sant�simo Sacramento es un acto comunitario en el que debe estar presente la celebraci�n de la Palabra de Dios y el silencio contemplativo. La exposici�n eucar�stica ayuda a
reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo o invita a la uni�n m�s �ntima con �l, que adquiere su culmen en la comuni�n Sacramental.
Habi�ndose reunido el pueblo y, si parece oportuno, habi�ndose iniciado alg�n c�ntico, el ministro se acerca al altar. Si el Sacramento no se reserva en el altar de la exposici�n, el ministro, con el pano de
hombros lo trae del lugar de la reserva, acompanado por ac�litos o por fieles con velas encendidas.
El cop�n o la custodia se colocar� sobre el altar cubierto con mantel; mas si la exposici�n se prolonga durante alg�n tiempo, y se hace con la custodia, se puede usar el manifestador, colocado en un lugar
m�s alto, pero teniendo cuidado de que no quede muy elevado ni distante. Si se hizo la exposici�n con la custodia, el ministro inciensa al Sant�simo; luego se retira, si la adoraci�n va a prolongarse alg�n
tiempo.
Si la exposici�n es solemne y prolongada, se consagrar� la hostia para la exposici�n, en la Misa que antes se celebre, y se colocar� sobre �l altar, en la custodia, despu�s de la comuni�n. La Misa concluir�
con la oraci�n despu�s de la comuni�n, omitiendo los ritos de la conclusi�n. Antes de retirarse del altar, el sacerdote, si se cree oportuno, colocar� la custodia y har� la incensaci�n.
LA ADORACI�N
Durante el tiempo de la exposici�n, se dir�n oraciones, cantos y lecturas, de tal suerte que los fieles, recogidos en oraci�n, se dediquen exclusivamente a Cristo Senor.
Para alimentar una profunda oraci�n, se deben aprovechar las lecturas de la sagrada Escritura, con la homil�a, o breves exhortaciones, que promuevan un mayor aprecio del misterio eucar�stico. Es tambi�n
conveniente que los fieles respondan a la palabra de Dios, cantando. Se necesita que se guarde piadoso silencio en momentos oportunos.
Ante el Sant�simo Sacramento expuesto por largo tiempo, se puede celebrar tambi�n alguna parte, especialmente las horas m�s importantes de la Liturgia de las Horas; por medio de esta recitaci�n se prolonga a
las distintas horas del d�a la alabanza y la acci�n de gracias que se tributan a Dios en la celebraci�n de la Misa, y las s�plicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por Cristo al Padre, en nombre de todo
el mundo.
O salut�ris H�stia
Quae caeli pandis �stium.
Bella premunt host�lia;
Da robur fer auxi�lium.
Uni trin�que D�mino
Sil sempit�rna gl�ria:
Qui vitam sine t�rmino,
Nobis donet in p�tria.
Amen. Oh saludable Hostia
Que abres la puerta del cielo:
en los ataques del enemigo danos fuerza,
conc�denos tu auxilio.
Al Senor Uno y Trino
se atribuye eterna gloria:
y El, vida sin t�rmino
nos otorgue en la Patria.
Am�n.
LA BENDICI�N
Al final de la adoraci�n, el sacerdote o el di�cono se acerca al altar; hace genuflexi�n, se arrodilla y se incoa este himno u otro c�ntico eucar�stico:
Pange, lingua, glori�si
c�rporis myst�rium,
sanguinisque preti�si,
quem in mundi pr�tium
fructus ventris gener�si
Rex eff�dit g�ntium.
Nobis datus, ,nobis natus
ex int�cta V�rgine,
et in mundo convers�tus,
sparso verbi s�mine,
sui moras incol�tus
miro clausit �rdine.
In supr�mae nocte cenae
rec�mbens cum fr�tribus,
observ�ta lege plene
cibis in leg�libus,
cibum turbae duod�nae
se dat suis m�nibus.
Verbum caro p�nem verum
verbo carnem �fficit
fitque sanguis Christi merum,
et, si sensus d�ficit,
ad firm�ndum cor sin��rum
sola fides s�fficit.
Tantum ergo sacram�ntum
vener�mur cernui,
et ant�quum docum�ntum
novo cedat r�tui;
praestet fides suplem�ntum
sensuum def�ctui.
Genit�ri Genit�que
laus et iubil�tio,
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio;
proced�nti ab utr�que
comparsit laud�tio. Amen.
Canta, lengua, el misterio
del cuerpo glorioso
y de la sangre preciosa
que el Rey de las naciones,
fruto de un vientre generoso,
derram� como rescate del mundo.
Nos fue dada, nos naci�
de una Virgen sin mancilla;
y despu�s de pasar su vida en el mundo,
una vez esparcida la semilla de su palabra,
termin� el tiempo de su destierro
dando una admirable disposici�n.
En la noche de la �ltima cena,
recostado a la mesa con los hermanos,
despu�s de observar
plenamente la ley
sobre la comida legal,
se da con sus propias manos
como alimento para los Doce.
El Verbo hecho carne
convierte con su palabra
el pan verdadero con su carne,
y el vino puro se convierte
en la sangre de Cristo.
Y aunque fallen los sentidos,
baste s�lo la fe
para confirmar al coraz�n
recto en esa verdad.
Veneremos, pues, inclinados
tan gran Sacramento;
y la antigua figura
ceda el puesto al nuevo rito;
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y j�bilo,
salud, honor, poder
y bendici�n;
una gloria igual sea dada
al que de uno y de otro
procede. Amen.
Mientras tanto, arrodillado, el ministro inciensa el Sant�simo Sacramento, si la exposici�n se hizo con la custodia.
V. Les diste pan del cielo. (T.P. Aleluya).
R. Que contiene en s� todo deleite. (T.P. Aleluya).
Luego se pone en pie y dice:
Oremos.
Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de t� Pasi�n, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos
constantemente el fruto de tu redenci�n. T� que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amen.
Bendicion Eucaristica
Una vez que ha dicho la oraci�n, el sacerdote o el di�cono toma el pano de hombros, hace genuflexi�n, toma la custodia o el' cop�n, y sin decir nada, traza con el Sacramento la senal de la cruz sobre el
pueblo. (A continuaci�n se pueden decir las alabanzas de desagravio)
ALABANZAS DE DESAGRAVIO
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jes�s.
Bendito sea su Sacrat�simo Coraz�n.
Bendita sea su Precios�sima Sangre.
Bendito sea Jes�s en el Sant�simo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Esp�ritu Santo Par�clito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, Mar�a Sant�sima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepci�n.
Bendita sea su gloriosa Asunci�n.
Bendito sea el nombre de Mar�a Virgen y Madre.
Bendito sea San Jos�, su cast�simo esposo.
Bendito sea Dios en sus �ngeles y en sus Santos.
LA RESERVA
Concluida la bendici�n, el mismo sacerdote que imparti� la bendici�n u otro sacerdote o di�cono, reserva el Sacramento en el tabern�culo, y hace genuflexi�n, en tanto que el pueblo si parece oportuno, puede
hacer alguna aclamaci�n. Finalmente el ministro se retira.
Amen.
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