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Esta es, sin duda, una de sus oraciones m�s bellas.
Es la conclusi�n del discurso 682, que trata precisamente de la confianza en Dios (O.C. IV, p. 215).
Dios m�o, estoy tan persuadido de que vel�is sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormir� en paz y descansar�; porque T� ?Oh Senor! Y s�lo T�, has asegurado mi esperanza.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputaci�n; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perder� mi esperanza; la conservar� hasta el �ltimo instante de mi vida y ser�n in�tiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arranc�rmela. Dormir� y descansar� en paz.
Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el n�mero de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a m�, Senor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque T�, Senor, solo T�, has asegurado mi esperanza.
A nadie engan� esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Senor ha quedado frustrado en su confianza.
Por tanto, estoy seguro de que ser� eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ?oh Dios m�o! Es de Quien lo espero. En Ti esper� , Senor, y jam�s ser� confundido.
Bien conozco ?ah! Demasiado lo conozco, que soy fr�gil e inconstante; s� cuanto pueden las tentaciones contra la virtud m�s firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservar� a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.
En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguir� todo lo que hubiere esperado de Vos. As�, espero que me sostendr�is en las m�s r�pidas y resbaladizas pendientes, que me fortalecer�is contra los m�s violentos asaltos y que har�is triunfar mi flaqueza sobre mis m�s formidables enemigos. Espero que me amar�is siempre y que yo os amar� sin interrupci�n ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ?oh Creador m�o! Para el tiempo y para la eternidad. As� sea.
La penitencia es una virtud que nos lleva a trabajar por eliminar de nuestra vida todo aquello que nos separa del amor de Dios y del amor al pr�jimo. No es un sentimiento, una experiencia emocional, sino mas bien un acto de la voluntad. Muchos confunden la penitencia exclusivamente con actos externos de expiaci�n, sin embargo es toda una actitud interior.
NOVENA DE LA CONFIANZA
Saludo del Santo para todos los d�as:
Nuestro Senor Jesucristo sea nuestra fuerza y nuestra alegr�a, posea todo su coraz�n y sea su �nico consuelo.
D�A PRIMERO
Acto de confianza: Estoy tan convencido , Dios m�o, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de Ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin ning�n cuidado, descarg�ndome en Ti de todas mis solicitudes. "En paz me duermo y al punto descanso, porque tu, Senor, me has afirmado singularmente en la esperanza" (Sal 4,10).
Lectura: He resuelto estudiar los medios para hacer recaer la conversaci�n sobre cosas que puedan edificar, sea quien sea aquel con quien me encuentre; de tal modo, que nadie se separe de mi sin tener m�s conocimiento de Dios que cuando lleg�, y, si es posible, con mayor deseo de su salvaci�n.
Prop�sito: Dios est� en medio de nosotros y parece que no le reconocemos. Est� en nuestros hermanos y quiere ser servido en ellos, amado y honrado, y nos recompensar� m�s por esto que si le sirvi�semos a El en persona. Que cada uno considere en su hermano a Jesucristo.
ORACI�N LIT�RGICA DEL SANTO PARA TODOS LOS D�AS
Senor y Padre nuestro, t� que hablaste al coraz�n de tu fiel servidor, San Claudio de la Colombi�re, para que fuese testigo de la abundancia de tu amor; haz que los dones de tu gracia iluminen y consuelen a tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Senor. Am�n.
DESPEDIDA DEL SANTO PARA TODOS LOS D�AS
Adi�s, ruegue a Dios que me haga la gracia de morir enteramente a mi mismo. El Esp�ritu Santo llene su coraz�n del m�s puro amor de Dios. La paz de Nuestro Senor Jes�s reine siempre en su coraz�n. Todo suyo en la cruz y en el Coraz�n de Jes�s.
D�A SEGUNDO
Acto de confianza: Desp�jenme en buena hora los hombres de los bienes y de la honra, pr�venme de las fuerzas e instrumentos de serviros las enfermedades; pierda yo por mi mismo vuestra gracia pecando, que no por eso perder� la esperanza; antes la conservar� hasta el �ltimo suspiro de mi vida y vanos ser�n los esfuerzos de todos los demonios del infierno para arranc�rmela.
Lectura: La predicaci�n es in�til sin la gracia, y la gracia no se obtiene sino por la oraci�n. Si hay tan pocas conversiones entre los cristianos es porque hay pocas personas que oren, aunque hay muchas que predican. (Cu�n agradable a Dios son estas oraciones!; es como cuando a una madre le ruegan que perdone a su hijo.
Prop�sito: Dios est� en medio de nosotros, o mejor dicho, nosotros estamos en medio de El; en cualquier lugar donde estemos nos toca: en la oraci�n, en el trabajo, en la mesa, en la conversaci�n. Hagamos a menudo actos de fe; digamos con frecuencia: Dios me mira, aqu� est� presente. No hacer nunca nada, estando a solas, que no quisi�ramos hacer a vista de todo el g�nero humano.
D�A TERCERO
Acto de confianza: Que otros esperen la dicha de sus riquezas o de sus talentos, que descansen otros en la inocencia de su vida, o en la aspereza de su penitencia, o en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mi toda mi confianza se funda en mi misma confianza: "Tu, Senor, me has afirmado singularmente en la esperanza" (Salmo 4,10).
Lectura: No tengo alegr�a semejante a la que experimento, cuando descubro en mi alguna nueva flaqueza, que se me hab�a ocultado hasta entonces. Creo firmemente y siento gran placer al creerlo, que Dios conduce a los que se abandonan a su direcci�n y que se cuida aun de sus cosas m�s pequenas.
Prop�sito: "Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo ser� claro" (Mt. 6,22).
No buscar sino a Dios, ni siquiera buscar sus bienes, sus gracias, las ventajas que en su servicio se encuentran como la paz, la alegr�a, etc., sino a El.
D�A CUARTO
Acto de confianza: Confianza semejante jam�s sali� fallida a nadie. "Nadie esper� en el Senor y qued� confundido" (Ecles 2,11).
Lectura: En reparaci�n de tantos ultrajes y de tan crueles ingratitudes, adorable y amable Coraz�n de Jes�s, y para evitaren cuanto de mi dependa el caer en semejante desgracia, yo os ofrezco mi coraz�n con todos los sentimientos de que es capaz; yo me entrego enteramente a Vos. Y desde este momento protesto sinceramente que deseo olvidarme de mi mismo, y de todo lo que pueda tener relaci�n conmigo para remover el obst�culo que pudiera impedirme la entrada en ese divino Coraz�n, que ten�is la bondad de abrirme y donde deseo entrar para vivir y morir en �l con vuestros m�s fieles servidores, penetrando enteramente y abrasado de vuestro amor.
Prop�sito: Dir�gete a mi siervo (el P. de La Colombiere) y dile de mi parte que haga todo lo posible para establecer esta devoci�n y dar este gusto a mi divino Coraz�n; que no se desanime por las dificultades que para ello encontrar�, y que no le han de faltar. Pero debe saber que es todopoderoso aquel que desconf�a enteramente de si mismo para confiar �nicamente en M�. (Jes�s a Sta. Margarita)
D�A QUINTO
Acto de confianza: As� que, seguro Apostolado de la Oraci�n estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serio, y porque eres T�, Dios m�o, de quien lo espero."En ti, Senor, he esperado; no quede avergonzado jam�s" (Sal 30,2; 70,1).
Lectura: No quiero temer ya ni las ilusiones, ni los artificios del demonio, ni mi propia debilidad, ni mis indiscreciones, ni aun siquiera mi desconfianza; porque Vos deb�is ser mi fortaleza en todas mis cruces, y me prometisteis serio a proporci�n de mi confianza. "Todo lo puedo en Aquel que me conforta" (Flp 4,13). Vos en todas partes est�is en mi y yo en Vos; luego en cualquier parte que me encuentre, ante cualquier peligro, cualquier enemigo que me amenace, tengo mi fuerza conmigo.
Prop�sito: Me promete Dios ser mi fortaleza, seg�n la confianza que tenga en El. Por esto he resuelto no poner l�mites a esta confianza y extenderla a todo. Me parece que en lo sucesivo debo servirme de nuestro Senor como de un escudo que me rodea, y que opondr� a todos los dardos de mis enemigos.
D�A SEXTO
Acto de confianza: Conocer, demasiado conozco que por mi soy fr�gil y mudable; s� cuanto pueden las tentaciones contra las virtudes m�s robustas, he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de eso logra acobardarme.
Lectura: Lo cierto es que, de todas las confianzas, la que m�s honra al Senor es la de un pecador insigne que est� tan persuadido de la misericordia infinita de Dios, que todos sus pecados le parezcan como un �tomo en presencia de esa misericordia.
Prop�sito: S�lo se encuentra la paz en el total olvido de s� mismo. Es necesario que nos resolvamos a olvidarnos hasta de nuestros intereses espirituales, para no buscar m�s que la pura gloria de Dios.
D�A S�PTIMO
Acto de confianza: Mientras yo espere, estoy a salvo de toda desgracia; y de que esperar� siempre estoy cierto, porque espero tambi�n esta esperanza invariable.
Lectura: No dude de que Dios le ha de dar por si, o por ese confesor, todo lo que le sea necesario, ni de que nunca dejar� perecer un alma que preferirla morir antes que desagradarle. Le confieso que no pueda perdonar ni un instante de inquietud a una sierva de Jesucristo. Es una gran injuria a su Senor, que soporta, conserva y coima de bienes a sus mayores enemigos; piense si querr� perder a los que no suenan sino en servirle.
Prop�sito: Es necesario ser paciente con buena fe, y dulce como Jesucristo hasta el fondo del alma. le recomiendo esta virtud sobre todas las cosas, es preciosa a los ojos de Dios. Es dulce hablar de lo que se ama, pero m�s todav�a con Jesucristo dentro de su coraz�n.
D�A OCTAVO
Acto de confianza: En fin, para mi es seguro que nunca ser� demasiado lo que espere de Ti, y que nunca tendr� menos de lo que hubiere esperado. Por tanto, espero que me sostendr�s firme en los riesgos m�s inminentes y me defender�s en medio de los ataques m�s furiosos, y har�s que m� flaqueza triunfe de los m�s espantosos enemigos.
Lectura: Teme usted que Dios le mande pruebas que no pueda soportar; es un pensamiento que le pasa por la imaginaci�n, porque s� creyera que as� lo siente no le perdonar�a esa desconfianza y el ultraje que har�a a la sabidur�a y a la bondad de nuestro Senor. No llega a entender todav�a que es El principalmente quien lo hace todo en nosotros,, excepto los pecados, y que no debemos considerar ni nuestras faltas ni nuestra debilidad, sino esperarlo todo de El.
Prop�sito: Bien se yo que s� Puede comulgar de tal forma que no se saque ning�n fruto; pero sostengo que eso no puede ser consecuencia de acercarse demasiado frecuentemente. Creo que los que comulgan cada ocho d�as sin ser por eso mejores, ser�an peores si comulgasen m�s de tarde en tarde; que ninguna indisposici�n, exceptuando el pecado mortal, puede impedir el efecto del sacramento que es el de santificar el alma, de darle fuerzas y vigor para hacer el bien y resistir al mal; que como cada vez que se comulga se recibe un aumento de m�rito y de gracia habitual, es necesario que una comuni�n nos disponga para aprovecharnos de otra; y, por consiguiente, cuantas m�s comuniones se hacen, m�s se est� en disposici�n de aprovechar de las que se deben hacer.
D�A NOVENO
Acto de confianza: Espero que T� me amar�s a m� siempre y que te amar� a Ti sin intermisi�n, y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta donde puede llegarse, espero a Ti mismo, de Ti mismo, oh Creador m�o, para el tiempo y para la eternidad. Am�n.
Lectura: Este Coraz�n se encuentra a�n, en cuanto es posible, en los mismos sentimientos y, sobre todo, siempre abrasado de amor para con los hombres; siempre sensible a nuestros males; siempre apremiado del deseo de hacernos participantes de sus tesoros y de d�rsenos a s� mismo; siempre dispuesto a recibirnos y a servirnos de asilo, mansi�n, de para�so, ya en esta vida. A cambio de todo no encuentra en el coraz�n de los hombres m�s que dureza, olvido, desprecio, ingratitud. Ama y no es amado y ni siquiera es conocido su amor; porque no se dignan los hombres recibir los dones por los que quiere atestiguarlo, ni escuchar las amables e intimas manifestaciones que quiere hacer a nuestro coraz�n.
Prop�sito: En cuanto a usted, ponga toda su confianza en Dios y no en criatura alguna; ponga toda su esperanza en El; esp�relo todo de El, y no de criatura alguna; ni aun de sus directores, quien quiera que sean; no pueden nada sin Nuestro Senor, y El lo puede todo sin ellos.
JES�S, AMIGO �NICO
Esta oraci�n est� sacada de la 39S de las "Reflexiones cristianas" (O.C. V, p�g. 39); a prop�sito de S. Juan Evangelista, nos propone que recemos a Jes�s, �nico. y verdadero Amigo.
Jes�s, T� eres el Amigo �nico y verdadero; no s�lo compartes cada uno de mis padecimientos, sino que lo tomas sobre Ti y conoces el secreto de transform�rmelo en gozo. Me escuchas con bondad y, cuando te cuento mis amarguras, me las suavizas.
Te encuentro en todo lugar, jam�s te alejas y, si me veo obligado a cambiar de residencia, te encuentro all� donde voy. Nunca te hartas de escucharme;, jam�s te cansas de hacerme bien. Si te amo, estoy seguro de ser correspondido; no tienes necesidad de lo m�o ni te empobreces al otorgarme tus dones. No obstante que soy un hombre pobre, nadie (sea noble, inteligente o santo) podr� robarme tu amistad. La misma muerte que separa a los amigos todos, me reunir� contigo.
Ninguna de las adversidades de la edad o del azar lograr�n jam�s alejarme de ti; m�s bien, por el contrario, nunca gozar� con tanta plenitud de tu presencia ni jam�s me estar�s tan cercano, cuanto en el momento en que todo parecer� conspirar contra mi.
S�lo T� aciertas a soportar mis defectos con extremada paciencia. Incluso mis infidelidades e ingratitudes, aunque te ofenden, no te impiden estar siempre dispuesto a concederme tu gracia y tu amor, si yo las deseo.
JES�S, MI FUERZA
El octavo d�a de los Ejercicios Espirituales hechos en Londres en 1677, escribe que ha descubierto un gran tesoro: una confianza ilimitada en Dios; y termina con esta oraci�n (O.C. VI, p�g. 113).
S�, Dios m�o, T� ser�s mi fuerza, mi gu�a, mi director, mi consejero, mi paciencia, mi ciencia, mi paz, mi justicia, mi prudencia.
A Ti acudir� en las tentaciones, arideces, contrariedades y temores. No quiero temer nada en adelante, ni los enganos y ardides del demonio, ni mi debilidad, porque ser�s T� mi fuerza en las pruebas; y me prometes serlo en proporci�n a mi confianza. Pero lo maravilloso es que cuando me pones en esta situaci�n, al mismo tiempo me otorgas la misma confianza. Seas eternamente alabado y amado por todas las cosas creadas, ?Oh amable Senor!
zQu� ser�a de m� si T� no fueses mi fuerza? Y si, como me lo aseguras, lo eres z qu� no podr� hacer con ella por tu gloria? "Todo lo puedo en Aquel que me conforta" (Fil 4,13).
Est�s siempre en m� y yo en Ti; por tanto, me encuentre donde me encuentre, sea cual fuere el peligro que me acecha, poseo siempre conmigo mi fuerza.
Esta certeza me basta para disipar en un momento mis angustias, y hacer frente a ciertos sobresaltos de la naturaleza que, a veces, se despierta con tanto ardor que no puedo menos de temer por mi perseverancia y asustarme ante la perfecci�n a que T�, Senor me has llamado.
SEGUIR� ESPERANDO EN TI
Aunque resulte sorprendente, esta oraci�n est� contenida en la Carta 96 (O.C. VI, p�g. 542) a su hermana que acaso desconfiaba de la misericordia del Senor.
Senor, ante Ti tienes a un alma que se halla en este mundo para experimentar tu maravillosa misericordia y mostrarla resplandeciente ante el cielo y la tierra.
Te den gloria tambi�n los otros demostrando con su fidelidad y su constancia cuan potente es tu gracia y cuan afable y generoso eres con quienes te son fieles; en cuanto a m�, te dar� gloria dando a conocer a todos lo bueno que eres con los pecadores.
Dir� a todos que tu misericordia est� muy por encima de cualquier malicia humana y que ninguna maldad tendr� poder de cansarla; que ninguna reca�da, por vergonzosa y grave que sea, deber� llevar al pecador a desesperar de tu perd�n.
SI, amoroso Redentor, te he ofendido gravemente, pero te ultrajar�a todav�a m�s si pensara que no eres tan bueno como para concederme el perd�n. '
Tu enemigo y enemigo m�o cada d�a me tiende nuevos lazos; podr� llevarme a perderlo todo, pero no la esperanza en tu misericordia. Aunque recayera cien veces y mis culpas fuesen cien veces m�s terribles de lo que son, seguir�a esperando en Ti.
H�GASE TU VOLUNTAD
La santidad consiste en adecuarse a la voluntad del Senor, escribe en otro lugar. (Reflexiones cristianas O.C. V, p. 4 01); al final de la disertaci�n sobre este tema, invita a sus oyentes a besar las manos de Jes�s crucificado y meditar en las palabras que El dirigi� al Padre en su agon�a cruel en el huerto de los Olivos: "No se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22,42).
Senor, h�gase tu voluntad, no la m�a. Debo alabarte y darte gracias porque se cumplen en m� tus designios.
Aunque estuviera en mi poder resistirme a tus decisiones, sin embargo no rechazar�a someterme a ellas_ "No como yo quiero, sino como quieras t�" (Mt 26,39).
Acepto de buen grado esta adversidad en s� misma y en todas sus circunstancias. As� que no me lamento del mal que habr� de soportar ni de las personas que lo causan, ni del modo en que me ha llegado, ni de la coyuntura de tiempo y lugar en que me ha sobrevenido.
Porque estoy convencido de que T� has querido estas circunstancias y prefiero morir antes que oponerme en nada a tu querer.
S�, Dios m�o, h�gase tu voluntad en m� y en todos los hombres, hoy y en todo momento, en el cielo y en la tierra. C�mplase en la tierra como en el cielo. Am�n.
DAME TU CORAZ�N
Esta oraci�n concluye la disertaci�n sobre el Corpus (Serm�n 20s O.C. 11, p. 24). Anteriormente ha dicho que el hombre est� rodeado y asediado por los beneficios de Dios. Cada d�a el Senor enciende nuevas brasas en torno a nuestro coraz�n para inflamarlo; no obstante esto, sigue fr�o para la Eucarist�a.
zQu� har�s, Senor, para vencer la obstinada indiferencia de los hombres? Te has agotado en este misterio de amor; has ido tan lejos que, como comentan los Santos Padres, has llegado hasta donde pod�a llegar tu Poder.
Si los contactos divinos con tu sagrada Carne no consiguen destruir este hechizo que me seduce, en vano podr� esperar en otro remedio de mayor fuerza.
A tan grande calamidad, s�lo una salida encuentro: que me des otro coraz�n, un coraz�n d�cil, un coraz�n sensible, un coraz�n que no sea de m�rmol ni de bronce; es menester que me concedas tu mismo Coraz�n.
Ven, amable Coraz�n de Jes�s, ven y col�cate en el centro de mi pecho y enciende en �l un amor tal que acierte a responder, de alg�n modo, a mi deber de amarte.
Dios m�o, ama a Jes�s que est� en m� en la medida en que me has amado a m� en El. Haz que ya no viva sino por El para llegar a vivir eternamente con El en el cielo. Am�n.
OFRECIMIENTO AL CORAZ�N DE JESUCRISTO
El diario de los Ejercicios espirituales hechos en Londres del 20 al 29 de enero de 1677, concluye con este "ofrecimiento al S. Coraz�n de Jesucristo" (O.C. VI, p. 125).
Adorable y amable Coraz�n de Jes�s, en reparaci�n de tantos pecados e ingratitudes y para evitar que yo caiga en tal desgracia, te ofrezco mi coraz�n con todos los sentimientos de que es capaz y me entrego todo a Ti.
Con la mayor sinceridad (al menos as� lo espero) desde este momento deseo olvidarme de m� mismo y de cuanto pueda tener relaci�n conmigo, para eliminar todo obst�culo que pueda impedirme entrar en tu Coraz�n divino que has tenido la bondad de abrirme y en el que ans�o entrar junto
con tus servidores m�s fieles, para vivir y morir invadido e inflamado por tu amor...
Sagrado Coraz�n de Jes�s, ens�name a olvidarme enteramente de mi, ya que �ste es el �nico camino para
entrar en Ti. Y puesto que cuanto har� en adelante ser� tuyo, haz que no realice nunca nada que no sea digno de Ti.
Ens�name qu� debo hacer para llegar a la pureza de tu amor, del que me has infundido tan gran deseo. Experimento una gran voluntad de complacerte, pero al mismo tiempo me veo en la imposibilidad de realizarlo sin tu luz especial y tu ayuda.
Cumple en m� tu voluntad incluso contra mi querer.
A Ti corresponde, Coraz�n divino de Jes�s, cumplirlo todo en m�; y de este modo, si llego a santo, tuya ser� la gloria de mi santificaci�n. Para m� esto es m�s claro que la luz del d�a, pero para Ti ser� una magn�fica gloria. S�lo para esto deseo la perfecci�n. Am�n.
VIVIR Y MORIR EN TU AMOR
Morir en la amistad con el Senor es gracia tan grande que ciertamente no se puede merecer. Por ello, en conclusi�n del serm�n sobre la predestinaci�n (O.C. III, 56p. 447), invita a sus oyentes a pedirla al Senor con oraci�n.
Senor, bien sabes que no aspiramos a otra cosa sin a vivir y morir en tu amor; ahora alimenta estos deseos nuestros al igual que los has hecho brotar e inf�ndeles la firmeza y reciedumbre que nosotros no podemos prometernos, dada la mutabilidad e inconstancia de nuestro coraz�n. "Por las sendas trazadas ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies" (Sal 16,5). Senor, da fuerza a mis pasos, para que no vacilen o yerren el camino emprendido.
Dios omnipotente, a Ti que mantienes colgada la tierra en el universo, que has formado los cielos como trono de tu gloria, a ti no ser� dif�cil ni - me atrevo a decir _ menos , glorioso conferir a mi alma la misma estabilidad.
Hazme inquebrantable ante todas las tentaciones, inexpugnable a todos los asaltos de mis enemigos. Apri�tame a Ti con lazos indisolubles; une mi voluntad a la tuya con tanta fuerza que resulten una sola voluntad, de modo que la m�a sea recta, santa y sobre todo constante e inmutable como la tuya.
Conc�deme, Oh Dios, morir en el seno de tu Iglesia, fuera de la cual no hay salvaci�n; haz que expire en los brazos de la cruz, de la que brota el manantial de nuestra salvaci�n; en el Coraz�n de Jes�s Crucificado, en El que es la misma Salvaci�n y Redenci�n.
Y como no puedo vivir sino a trav�s de Ti, haz que viva �nicamente para Ti. Y, en fin, alc�nzame morir en tu alabanza y tu amor y, si es posible, de amor a Ti. Amen.
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